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CRISTIANISMO, JESÚS SEGÚN SAN PABLO

Jesús de Nazaret es un personaje fundamental en la historia, y sin embargo aún ignoramos mucho sobre lo que realmente pensaba o creía. Todo lo que tenemos son las interpretaciones, siempre apasionadas e idealizadas de quienes convivieron con él o de quienes sólo oyeron lo que se decía de él.

Cristianismo, Jesús según San Pablo

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Conocemos de Jesús la versión de sus apóstoles, de los que Jesús se lamentaba a veces por su falta de entendimiento y sus actitudes intolerantes. Y tenemos también, la versión de alguien, intelectualmente formado pero que ni tan siquiera le conoció en vida. Alguien, que re-interpretó la doctrina de Jesús según su propio sentimiento de culpa; hasta convertirla en algo, quizá irreconocible para el mismo Jesús. Para entender lo que hoy llamamos cristianismo, haría falta, saber primero en qué creía realmente Jesús. Pero también conocer la tradición que originó sus dichos y hechos y el contexto del judaísmo del siglo I que lo condiciona todo. Inevitablemente, es necesario conocer también al hombre que fue capaz de transformar el credo de una pequeña secta judía en un mensaje apto para todo el Imperio. Pensador lúcido, y tenaz hombre de acción llamado san Pablo, Saulo de Tarso. En el siglo I de la era cristiana, Tarso es la próspera capital de Cilicia en la actual Turquía, en la desembocadura del río Cydno, y constituía un importante y políglota nexo con las principales ciudades del Imperio. Tarso gozaba de gobierno propio y una de las universidades más importantes de su tiempo. Allí nació Saulo poco después de Jesús. De familia judía acomodada, su padre, un fariseo ortodoxo, le envió a Jerusalem a estudiar en la famosa escuela del maestro Gamaliel. Existían numerosas sectas judías y partidos en el siglo primero, Asideos, Fariseos, Saduceos, Esenios, Zelotes, Sicarios; múltiples matices irreconciliables, pero un mismo rasgo común: su marcada identidad judía. Pocos años antes, una nueva y nacionalista secta mesiánica, los Nazarenos, cuyo cabecilla había sido ejecutado en la cruz por perturbar la “Pax Romana”, había irrumpido en Palestina; nombre que el emperador romano Adriano le dio a Israel para barrer cualquier rastro de identidad judía-Israelita.
Jesús había proclamado la inminente llegada del Reino de Dios. Aunque ciertamente no cuestionó ni predicó nada fuera de la ley de Moisés, y siempre exhortó a cumplir dichas leyes para recibir la salvación, denunciaba el conjunto de normas añadidas posteriormente por los intérpretes de la Toráh, y que estaban corrompiendo el verdadero sentido de La Ley. Sin embargo, su muerte significó la evidencia de que no era el Mesías (Mashiah) de Israel predicho en las escrituras, y su impostura; a pesar de la proclamación de sus seguidores de que sí lo fue.

Dos corrientes generales de cristianismo

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Saulo de Tarso
Pronto, los herederos de Jesús también se situarán entre dos tendencias. Una, la de los Helenistas, más permeable al pensamiento griego y más innovadora, admitiendo una especie de moral universal compatible con la Ley de Moisés y capaz de proporcionar la salvación sin cumplirla. La otra, la de los judaizantes, ortodoxa y palestina como el propio Jesús, interpretando su mensaje en términos exclusivamente judíos. Ser Nazareno implicaba la conversión al judaísmo y el cumplimiento íntegro de la Toráh. Después de una experiencia mística, tres años junto a los Nazarenos y al hermano de sangre de Jesús, Santiago, con discusiones controvertidas por ambas partes y predicaciones públicas sin fruto, Saulo vuelve derrotado a su Tarso natal donde permanece ocho años. Después, regresa a Palestina desde donde comienza un ascenso hacia el norte junto a Bernabé, encontrándose en el mundo helenístico (Chipre) con personas no judías atraídas por el judaísmo donde aprovecha para ofertarles su judaísmo mesiánico, la salvación sin circuncisión ni cumplimiento de la Ley de Moisés.

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