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SUFISMO, EL CORAZÓN DEL ISLAM

Sufismo, el corazón del islam

Sufismo_el_corazón_del_islam Dicen los maestros, que el sufismo que puede describirse, no es sufismo, que el sufismo es un sabor, un estado del alma que sólo transmite el sabor mismo. Una percepción incomunicable distinta en cada paladar e idéntica por la naturaleza de lo saboreado.

La meta del sufí, es superar la ilusión de que existimos separados de la causa suprema, de que somos algo diferente a Dios. Su objetivo, el conocimiento directo de las verdades trascendentes. Su fin, es la completa aniquilación del ego, para reconocernos en Dios y confiarnos a su contemplación y su alabanza.

Algunos señalan en el sufismo vestigios chamánicos de Asia Central, de la Grecia clásica, de Sumeria. Otros lo remontan hasta la religión de los sabeos, los del Reino de Saba, a quienes cita el Corán como creyentes en Dios-Uno. Pero es obvio que ya existía algún tipo de pre-sufismo conocido y respetado desde mucho tiempo atrás. Hermes, Zoroastro, Pitágoras, Lao-Tse, y cuántos maestros del pasado se expresaron en términos que podrían ser sufís. Según la tradición, el propio profeta Muhammad, paz y bendición sobre él, dejó dicho: “quien escuche la voz del pueblo sufí y no diga amén, será tenido por necio a ojos de Dios”.
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El sufismo, aspecto místico del islam, como tal, toma la forma en el siglo VIII. de la era común, segundo siglo del islam, y fija la fuente de su doctrina en el sagrado Corán (Quram) y en los dichos y conducta de Muhammad. Para los sufís, Muhammad representa el hombre perfeccionado, y su joven primo Ali, el modelo de discípulo perfecto. Porque el conocimiento del profeta es un don directo de Dios, es revelación. Pero el conocimiento del discípulo es fruto de su capacidad, de su esfuerzo y de su docilidad a la influencia espiritual del maestro.
Mientras los sunís convienen generalmente en que la interpretación correcta del Corán es la de la mayoría, los chiís subrayarán la necesidad adicional de su lectura simbólica y de la cualificación necesaria para ello.
Al hablar de las tres culturas, realmente deberíamos hablar de las cuatro culturas, porque la tradición persa, tan diferenciada y permeable como el judaísmo, el cristianismo o el islam, es uno de los principales nutrientes de ese gran tronco común, y su influencia se deja notar clara y viva en cada una de las demás.

La afirmación sufí del Tao-Jeet, doctrina de la unidad del ser, es la misma que en China o India llaman doctrina de la no-dualidad. Dios, es la infinitud sin par; el primero sin segundo. El Principio Supremo lo es todo.
Las vías budistas y sufís son idénticas en lo esencial de sus prácticas y sus dogmas. La figura del buda, el hombre perfeccionado, se acerca mucho a la del profeta, y a veces a la del cristo como emanación de la divinidad, como puente o como modelo de conducta. Sin embargo, el budismo en general, no se plantea la existencia de un principio supremo ni la necesidad de un más allá para alcanzar la liberación. Este ha resultado ser un marco muy atractivo para los agnósticos occidentales.
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 Danza suní Sama, Derviches
Poco se sabe del maestro Shams de Tabriz, a parte de su inequívoco sello Chií y la enorme transformación que operó en Mavlana Yalal ad-Din Muhammad Rumí, el fundador de la orden de los derviches danzantes. El sama (giro), es una de las prácticas sufís más conocidas y a la vez peor comprendidas. No todas las órdenes sufís lo practican y muchos maestros han prevenido contra su abuso. En sentido estricto, el Sama es escuchar con el oído del corazón versos y melodías armoniosas, en estado de alejamiento de uno mismo.

Ver Judaísmo, el Pacto de YHVH


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